Estrés bueno vs estrés malo: la diferencia que cambia cómo lo gestionas

Estrés bueno vs estrés malo: la diferencia que cambia cómo lo gestionas - Estrés Laboral

No todo el estrés es el mismo enemigo

Cuando hablamos de estrés en el contexto laboral, solemos hablar de él como si fuera un enemigo único que hay que eliminar. Sin embargo, el estrés es una categoría amplia que incluye experiencias muy diferentes entre sí. No es lo mismo el estrés de una entrevista importante que el estrés de llevar seis meses con una carga de trabajo imposible. No es lo mismo el estrés que activa y el estrés que agota.

El investigador húngaro-canadiense Hans Selye, que acuñó el término «estrés» en su sentido moderno en los años 30, también fue el primero en establecer esta distinción: el eustrés (del griego «eu», bueno) es el estrés que nos activa, nos motiva y mejora nuestro rendimiento. El distrés es el estrés que nos daña, nos agota y deteriora la salud. Son procesos fisiológicamente similares pero con efectos radicalmente diferentes.

Entender la diferencia no es un juego académico. Es la base para saber cuándo empujar un poco más y cuándo definitivamente hay que parar.

Qué es el eustrés y cómo se siente

El eustrés es el estrés que acompaña a los desafíos estimulantes, a las situaciones que requieren esfuerzo pero que están dentro del rango de lo manejable. Es la activación que sientes antes de hablar en público cuando el tema te apasiona, la concentración intensa cuando trabajas en un problema difícil que quieres resolver, la tensión productiva de un proyecto ambicioso al que ves el sentido.

Las características del eustrés son:

  • Produce activación sin agotamiento prolongado: el cuerpo se activa, rinde, y luego se recupera.
  • Genera una sensación de control, aunque el esfuerzo sea grande. La persona siente que es ella quien está manejando la situación.
  • Va acompañado de significado: la tarea difícil vale la pena, hay un propósito claro detrás del esfuerzo.
  • Tiene un horizonte temporal: hay un punto de llegada, una conclusión, un momento en que el esfuerzo intenso termina.
  • Produce crecimiento: el desafío superado deja a la persona con más capacidad que antes.

Qué es el distrés y cómo se diferencia

El distrés es el estrés que supera la capacidad de respuesta y que no tiene un periodo de recuperación adecuado. Es la carga que se acumula sin que haya momentos de descarga. Es la presión que viene de fuera, sin que la persona sienta que tiene control sobre ella.

Las características del distrés son:

  • Produce agotamiento acumulativo: el cuerpo no se recupera entre periodos de alta demanda.
  • Genera una sensación de falta de control: la situación se siente como algo que le ocurre a la persona, no algo que la persona está manejando.
  • Va acompañado de falta de sentido o, con el tiempo, de cinismo: el esfuerzo no parece producir resultados ni tener propósito claro.
  • Es indefinido temporalmente: no hay un horizonte claro de alivio. «Siempre va a ser así.»
  • Produce deterioro: la persona rinde cada vez peor, no mejor, con el tiempo.

La curva de Yerkes-Dodson: el rendimiento óptimo está en el medio

En 1908, los psicólogos Robert Yerkes y John Dodson describieron la relación entre activación y rendimiento en forma de U invertida. Con poca activación (poco estrés), el rendimiento es bajo: hay falta de motivación, de energía, de urgencia. Con demasiada activación (mucho estrés), el rendimiento también es bajo: la ansiedad interfiere, la concentración se deteriora, el pensamiento se vuelve rígido.

El rendimiento óptimo está en el rango medio de activación: suficiente estrés para que la situación importe y la mente esté alerta, pero no tanto como para que interfiera con la capacidad de pensar con claridad. Este rango varía según la persona y según el tipo de tarea: las tareas creativas y complejas se realizan mejor con menos activación que las tareas simples y repetitivas.

Conocer tu propia curva —cuándo el estrés te activa y cuándo te bloquea— es información muy útil para gestionar tu carga de trabajo.

Estrategias diferentes para tipos de estrés diferentes

La distinción entre eustrés y distrés tiene implicaciones prácticas directas sobre qué estrategias de gestión tienen sentido:

Para el eustrés, la estrategia no es reducirlo sino aprovecharlo. Diseñar la jornada para que los momentos de mayor activación coincidan con las tareas más importantes. Buscar deliberadamente desafíos en el rango de «difícil pero manejable».

Para el distrés, hay que abordar las causas reales:

  • Si el origen es una carga objetivamente excesiva: reducción de la carga, redistribución, negociación de plazos.
  • Si el origen es la falta de control: identificar qué aspectos de la situación sí son controlables y actuar sobre ellos.
  • Si el origen es la falta de sentido: revisar por qué se hace lo que se hace y si el trabajo actual es coherente con los valores y objetivos propios.
  • Si el origen es la falta de recuperación: priorizar el descanso activo, no como lujo sino como mantenimiento imprescindible del sistema.

El error de tratar el eustrés como si fuera distrés

Un error frecuente en la cultura del bienestar laboral es aplicar estrategias de reducción del estrés a situaciones que en realidad son estimulantes y motivadoras. Si alguien está en un proyecto difícil que le apasiona y está activado, decirle que «baje el nivel de estrés» puede desactivar exactamente lo que está haciendo que rinda bien y disfrute el proceso.

La pregunta no es «¿cómo elimino el estrés?» sino «¿este estrés me está activando o me está deteriorando?». La respuesta a esa pregunta determina qué hacer.

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